La ternura, una de las expresiones del amor, suele romper barreras, moldes y
estereotipos, e incluso sorprendernos, como hoy, a mediodía, en un parque de la urbanización del Botánico-La Paz del Puerto de la Cruz, en Tenerife, donde perro y gato parecen contarse sus
secretos y dejar de lado ancestrales disputas. El portento lanudo de Wallooo, el can, y la fragilidad de algodón del minino, se funden ese gesto que invita a la unión de los
opuestos y a la supremacía de la diferencia como sustrato de la persona y del individuo. Me hizo recordar la profesía relativa a la venida del Mesías, en la que el lobo simpatizará con la
oveja... El perro y el gato olvidan sus viejas diferencias porque ven más partido en el cariño que en la violencia.
Foto: RAFAEL BEN-ABRAHAM BARRETO