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Una primera lectura de Hiperpreves, SA, de Raúl Sánchez, constituye toda una invitación indeclinable a la meditación sobre la dimensión trágica de la vida cotidiana y sobre el conjunto de aspectos que trascienden la propia imaginación sobre hechos que retratan nuestro subconsciente. Cada relato breve es una carrera contrarreloj de la inspiración en el espacio-tiempo de un párrafo. Las frases, las justas, para explicar en un minuto lo que realmente requeriría horas o una eternidad, precisamente cuando somos presa de nuestras prisas y estrés. Raúl Sánchez, con la habilidad propia de un cirujano de la palabra, disecciona en sus microrrelatos y en los géneros literarios que aborda, ya sea por razón de oficio, ya sea por instinto creador, con precisión milimétrica cada aspecto de la conducta humana, y donde él es una de las piezas esenciales que dan vida a sus personajes reales o ficticios. El destino del ser humano en cada uno de sus universos y situaciones es el hilo conductor de cada microrrelato, donde la vida y la muerte se cruzan con naturalidad. Sin embargo, la sucesión de relatos dista de plantearse como una carrera de obstáculos, sino que éstos se trocan en protagonistas de la lucha contra las promesas de un folio o pantalla de ordenador en blanco.
Somos presas de nuestras decisiones, ya sean acertadas ya sean erróneas y, peor aún, víctimas de sus consecuencias cuando devienen en desastres. Piso 103 da cuenta de ello, al menos, así he pedido percibir. Sin embargo, para entender parte del universo de Raúl Sánchez, será conveniente adentrarse en las profundidades de los océanos que abarcan esos hiperbreves.