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Lola Padrón ya forma parte de la historia reciente del Puerto de la Cruz como la primera mujer que accedió a la Alcaldía, no como fruto de una victoria incontestable en las urnas, sino como resultado de un pacto entre dos fuerzas aparentemente antagónicas y adversarias. Su candidatura fue la más votada, pero a tenor de la vigente Ley Electoral, sin la mayoría suficiente para asegurarse el sillón durante cuatro años. También ha pasado a la historia por haber sucumbido, no por una derrota electoral, sino ante una moción de censura auspiciada por su anterior socio de gobierno (Partido Popular) y los nacionalistas (Coalición Canaria). Está claro, aunque no sea el caso, que de nada sirven los aciertos o los errores (muchos y de libro), si el alcalde lo eligen los concejales que reúnan la mayoría absoluta. Como en el béisbol, cuando la bola se escapaba más allá de los límites del campo, el prestigioso comentarista deportivo cubano Bobby Salamanca solía exclamar y no sin razón, “Adiós, Lolita de mi vida”.