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Los ciclos económicos son inherentes a la condición humana desde sus orígenes. Ya en el antiguo Egipto se databa sus efectos antagónicos y nadie mejor que José, el hijo predilecto de Jacob, al que el Todopoderoso apodó Israel y Yeshurun, tuvo el don divino de interpretar los sueños, lo que le valió el favor del Faraón que no atinaba a desentrañar el significado de lo que, seguro fue una pesadilla para él y para su corte de adivinos, y que a la postre le sacaría de la cárcel y lo encumbraría hasta el rango de virrey. Siete vacas gordas que eran devoradas por otras siete flacas y siete espigas lozanas que sucumbían ante las más escuálidas. Desconozco si nuestros gobernantes tienen sueños o pesadillas o si, por el contrario, hay personas como el recordado José, virrey de Egipto, capaz de anticiparse a las cifras de la micro y macro economías y es que, a toro pasado, cualquier explicación de lo sucedido en 2009 se podría pasar por válido. Lo difícil será predecir lo que ocurrirá en este incipiente 2010.